Abro los ojos y  sigue el mismo sueño: sueño que vivo. Voy hasta el espejo y observo mi rostro reflejado en él. Miro mis ojos y me reconozco en ellos, distante de mí, distante de ese sueño que me acompaña despierto, mirándome directamente a los ojos desde la distancia del extrañamiento, desde ese curioso punto de vista que ofrece el reflejo de uno mismo y de esos ojos abiertos, mirando de frente su propia mirada, queriendo ignorar qué se esconde tras ella.

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4 comentarios en “

  1. Javi, escribes muy bien, como siempre…ah, me debes el relato que escribiste para mí cuando en la estación de Atocha nos fuimos Mariano y yo a Almería…ahora mismo estoy en el chat del facebook. Besito.

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