Tres mares

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Actualmente navego por tres mares ya surcados en anteriores momentos de mi vida. Los tres han venido a confluir en mí, con escaso margen de diferencia, como si una necesidad los hubiera convocado hacia mis manos con una especial urgencia o como una causalidad que deberé tratar de adivinar entre sus páginas, enlazando unas con otras, perdiéndome entre ellas, abstemio de mí mismo.

El primero en llegar hasta mis manos ha sido El libro del desasosiego. Me he instalado entre sus páginas y de vez en cuando acompaño a Fernando en alguno de sus paseos por la Baixa, mientras camina entre extrañado y atónito por sentirse acompañado por un vecino peninsular del siglo XXI. Juntos nos perdemos, silenciosamente, por los ensombrecidos malecones próximos a la rua da Alfandêga y miramos, con un deje de nostalgia crepuscular, hacia esas ventanas desde las que fluye la luz hogareña de las lámparas recién encendidas, mientras nosotros vagamos en busca de respuestas imposibles o de ilusiones apagadas. De regreso a la rua dos Douradores siempre hay tiempo para compartir en cualquier vieja tasca, de mosaicos blancos ennegrecidos por el humo del tabaco, unos vasos de verde absenta. Y contentos por ello, cerramos los ojos y soñamos que estamos viviendo lo que sólo es un sueño. Y en nuestro ensoñar aparece Pavese, convocado por el entrechocar de nuestros vasos y el estimulante alcohol, con su El oficio de vivir asomando por el holgado bolsillo de su vieja chaqueta de pana. Junto leemos a la luz de las velas, en una desvencijada mesa de la taberna, entre acordes de guitarra y lamentos de fado, esas páginas que una y otra vez han de conducirle hacia su suicidio, como si algún castigo de los dioses le hubiera condenado al agobiante y eterno mito de Sísifo. Y nos repite con mirada turbia y voz aguardentosa que el único modo de huir del abismo es mirarlo y medirlo y sondearlo y bajar a él. Todo lo demás, quizás, sólo sea fantasía.

Al salir fuera, la brisa del Tajo se ha extendido sobre la calle. Pavese, desolado, se despide de nosotros, vuelve nuevamente a sus páginas, de donde dice que no debería de haber salido. Una náusea recorre su cuerpo, una ráfaga de viento borra su gesto impotente. La noche cae sobre nosotros. Pavese desaparece, como el sonido de un poema sofocado por la distancia, entre la negrura del horizonte. A este hombre le dolía la vida tanto como a mí, dice Fernando, mirando hacia el estupor del vacío. El ronco sonido de la sirena de un navío le hace girar el rostro hacia las aguas del río, intuyéndolas desde la distancia como asimismo me intuye a mí. Le sigo hasta su portal y permanezco afuera, observando como desaparece, peldaño a peldaño, en la gastada escalera de madera que le conduce hacia su otra vida, la del cuarto de los espíritus.

El tercer mar que surco lo conforma otro Fernando, en esta ocasión, Sánchez Drago, con su Gárgoris y Habidis, Una historia mágica de España, de la que él mismo dice: En este libro trato de maestros, licántropos, rosacruces, tesoros bajo tierra e insignias pitagóricas. Sin duda, grata compañía para estos días de lluvia

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10 comentarios en “Tres mares

  1. Hacer, he ahí la inteligencia verdadera. Seré lo que quiera. Pero tengo que querer lo que sea. El éxito está en tener éxito, y no en tener condiciones para el éxito. Condiciones de palacio las tiene cualquiera en la ancha tierra, pero ¿dónde está el palacio si no lo hacen allí?

    De los tres Pessoa.

  2. Hacer, he ahí la inteligencia verdadera. Seré lo que quiera. Pero tengo que querer lo que sea. El éxito está en tener éxito, y no en tener condiciones para el éxito. Condiciones de palacio las tiene cualquiera en la ancha tierra, pero ¿dónde está el palacio si no lo hacen allí

    De los tres Pessoa.

  3. Me instalé en la penumbra de los malecones y vi pasar a los tres hombres, los vi hablar en silencio y desaparecer en el espejo del mar.
    Bien narrado Javier, gracias por la invitación.
    En horabuena.

  4. Me quedo con el primer Fernando que estoy también surcando, poco a poco.
    En junio regresé a Lisboa y compré algún que otro libro en portugués, idioma que no hablo.
    Sería la baixa.

    Que los disfrutes.

  5. Deberás encontrar el lazo por el que el azar ha decidido unir a los Fernandos con Cesare, o tal vez no haya aguja e hilo que los una, simplemente el destino quiere recordarte que la primavera esta cercana, que Lisboa está a punto de florecer, que Pavese decía un febrero cualquiera que sus relatos “son historias de un contemplador que observa cómo ocurren cosas más grandes que él” y que hay que dar una oportunidad a Sánchez-Dragó (esto último me lo dice a mi porque me cuesta mucho trabajito el Dragó…). Un beso Javier.

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