El chorro cósmico

Sergis blog

Fotografía: sergis blog

La habitación olía a tabaco. Me levanté de la cama y fui hasta la ventana. A pesar del frío de la mañana abrí por completo una de sus hojas. Una ráfaga de aíre fresco y gélido entró en el interior del cuarto. Por unos segundos inspiré profundamente, asomado a la cegadora claridad del nuevo día. Un violento golpe de tos me empujó rápidamente hasta el refugio que había formado bajo las mantas, a esa especie de matriz artificial que había ido tejiendo, en el transcurso de la noche, en mis horas de sueño. Cogí una botella de whisky que había en el suelo y bebí un trago directamente de ella. Unos regueros de whisky corrieron por mi barbilla. Dejé de toser y el calor pareció volver a mi cuerpo. Miré el reloj y vi que sólo eran las nueve y media de la mañana. El sonido de unos petardos estallando en el silencio me dio a entender que la gente ya andaba por la calle haciendo el imbécil, a pesar de ser Año Nuevo. ¿A quién podía estimularle estar tirando petardos a las 9.30 de la mañana en Año Nuevo? Volví a dar otro trago directamente de la botella.

Al otro lado de la cama Paola seguía durmiendo, ajena al estallido matutino, con una respiración pesada, entre estertor y ronroneo gatuno. La contemplé por un instante hasta que logré recordar como era que había acabado en mi cama. Metí la mano libre que me quedaba bajo las mantas y recorrí con ella sus cálidas nalgas durante un buen rato, hasta que noté una erección lo suficientemente intensa como para intentar cabalgarla así como estaba, boca abajo. Mientras deslizaba la polla entre su tibia raja del culo iba besando su cuello, sus mejillas, la comisura de sus labios entreabiertos. Paola soltó un breve gemido y me abrió paso, con un simple movimiento, al interior de sus entrañas. Un perro ladró, asustado por el sonido de los petardos, mientras yo seguía balanceándome cada vez más dentro de su angosto orificio, sintiendo la extraña magia de unas vísceras calientes alrededor de una verga dura. Mis movimientos se convirtieron como las olas del mar, que entraban el la fina arena de la playa para retirarse de inmediato y nuevamente volvían sobre esa arena, horadando su superficie, para volver a retirarse; así indefinidamente, creando el ritmo del propio universo, en continua expansión e implosión. Explote dentro de ella, como explota un mar de estrellas, a chorros cósmicos, mientras mis manos apretaban su vientre jadeante.

Me separé de su nalgas y de su espalda, recostándome contra el cabecero de la cama. Paola sonrió apenas unos instantes y continúo durmiendo plácidamente. Volví a coger la botella y a dar un trago de ella, el líquido volvió a rebosar de mi boca, cayendo por el mentón. Alargué el brazo hasta la mesilla, cogiendo de ella el primer libro que encontré: “Elogios de la madrastra”, de Vargas Llosa. Me puse a leer a la luz de la mañana y pensé que a pesar de todo, la vida valía la pena de vivirse, como escribió don Mario hace ya algún tiempo, en un año diferente a este.

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15 comentarios en “El chorro cósmico

    1. perdona mi brusquedad en el cambio de tema…pero estaba buscando alguna pista y he encontrado que trabajabas en el plátano azul y de ahí hasta aquí..

      1. Gracias por la info.Le he encontrado con su banda. yo estuve hace once años en san josé,currando en la cocina de un restaurante de cuyo nombre no quiero acordarme…y gozando de todo lo demás.

  1. La descripción de un momento maravilloso.
    Y nos lo acercas tan real que nos -me- trasladas a situaciones similares vividas. A veces diría que sí somos perfectos; máquinas perfectamente engrasadas.

    Un saludo.
    – Antes Neuroscopetrix. Tuve que cerrar ese blog-

  2. Me relamo con las aventuras de los intrépidos que se adentran por el hemisferio sur.
    Algunos debemos renunciar, muy a pesar nuestro, a tales angosturas, dado el calado del balandro.
    (Fijo que un día me expulsan de comentar en algún blog, Javier; verás).

  3. Si después del pedo despiertas y sigues pensando igual, entonces sí. Entonces estarás curado, aunque desconozcamos la fecha de caducidad. Un beso.

    PD, ¿te he dicho alguna vez que me pareces la hostia?

  4. Javier un verdadero placer volver a leerte y te aseguro que pocas veces son tan exactas las palabras como en este caso. Ya sabes que me gusta la forma en que consigues poetizar algo tan manido como el sexo (si, nos gusta pero esta muy visto y todo inventado jajaja). En cuanto al Elogio de la madrasta me ha quedado un recuerdo muy desagradable por esa inocencia perversa que en vez de ser corrompida es la que corrompe, Alfonsito me da un repelús que no veas. Asi que se bien recibido en este universo cósmico que te esperaba, un beso.

    1. Sí, Lady, menuda joputa el Fonchito de los huevos; aunque Lucrecia no le va a la saga, jajaja. En fin, el libro es un compendio escatológico que sólo me ha producido un mortal aburrimiento, menos mal que es cortito.
      Un beso.

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