Náufragos de asfalto y alcohol

Café Manuela

Llevo ya unos cuantos días por Madrid, recorriendo sus calles, sus anatomías; bebiendo en sus bares y comiendo en sus restaurante, visitando sus librerías y refrescándome en sus fuentes, viendo exposiciones en los museos e internándome en sus más deplorables antros, rememorando, inútilmente, esas vidas pasadas, esos instantes que nunca más volverán a existir. En esos momentos toda una serie de fantasmas pueblan mi mente, me empujan con su presencia hasta esos días en los que aún creía que la felicidad junto a otra persona era posible, la única posible, en realidad. Y es que no puedo evitar recordar que durante un tiempo, tú y yo, vivimos en esta ciudad, que compartimos las mismas calles por las que ahora paseo en solitario, quizás con la vana esperanza de encontrarte en alguna de ellas, como si aún continuaras aquí, como si el tiempo hubiera seguido su camino sin contar con nosotros, dándonos una tregua para que la despedida no fuera definitiva. Por eso continúo visitando todas las noches el Café Manuela, en un absurdo ritual en el que pretendo encontrarte apareciendo de la nada, casi mágicamente, acodada en la barra junto a mí; pero siempre es otra quien termina acercándose, quien habla conmigo y después comparte su cuerpo y, quizá, también parte de su soledad, en ese silencio de la penetración entre náufragos de asfalto y alcohol. Y en mi estómago solamente tengo hambre de ti, eso es lo más triste. Una puta hambre que nunca se va, que permanece ahí, instalada en la eternidad. Y quizá por eso, también, continúo paseando por la calle Colón, me detengo en el portal donde viví unos días contigo, y permanezco allí, delante de él, como si fueras a abrir, en cualquier momento, la vieja puerta de madera. Fue ahí donde empezó nuestra historia de dos años de encuentros y desencuentros. Los dos años más intensos de mi vida y los de mayor incertidumbre, sin duda. Día tras día vuelvo a la calle Colón, a pasear por sus aceras llenas de nostalgia, de apagados ecos que tan sólo  resuenan en el interior de mi cabeza. En esa misma calle fue donde te vi por última vez, donde el mundo cayó de golpe sobre mí, a traición, sin darme tiempo a prepararme para ello. Después de ese día dejé de ser yo para convertirme en lo que soy ahora, un espía de mi propio pasado.

Anuncios

22 comentarios en “Náufragos de asfalto y alcohol

  1. Si sigues en Madrid no dejes de ir a las cuevas del sésamo (creo que se llama así) y al Café Gijón. Esto último puede parecer carísimo y, en efecto, lo es, pero el menú está bien de precio y merece la pena parar por ese sitio.

    1. Si yo te contara, Dedalus, cada una que he armado en sendos sitios… Soy de Madrid y un experto en sus bares, cafés y demás antros que se te ocurran. Me he pasado más de media vida metido en ellos, bebiendo y tratando de ligar o liándola, simplemente… Mi amigo Marianus puede dar fe de ello. Pero te agradezco tus recomendaciones, que son muy acertadas y desde aquí las extiendo a cualquiera que no conozca alguno de los dos sitios, id y disfrutad.
      Un beso.

      1. Joder, es que sin aire esto sería insufrible. Yo uso uno coreano, barato y averiado, pero al menos consigue bajar como 6 grados la temperatura exterior. Menos es nada.
        Lo de ser un espía de tu propio pasado podría ser el comienzo de una novela de Auster, aunque pensándolo bien todos somos espías de nuestro pasado.
        saludos

  2. “Un espía de mi propio pasado.” Joer que frase. Pero quizá ahí esté en parte el quid del desamor no? A veces uno no sabe bien si tiene nostalgia de lo que tuvo o de tener que cambiar a cojones lo que es…

    Igual no es una cuestión de hostias si no de tiempo, y de constancia. A veces hay que obligarse a olvidar. O al menos a dejar que lo viejo se vaya para que pueda entrar lo nuevo.

    (No lo sé ni yo, rey…)

    Desde luego has hecho una entrada hermosísima a costa de tu nostalgia. Enhorabuena.

    Besos

  3. Ahora que te veo bien apaleado puedo decirtelo, ni con hostias se va la puñetera nostalgia, es cuestión de vivir, cuando tenía 15 años sólo sentía nostalgía tres minutos al año (asi, a ojímetro). Eso si, lo del corazón frío no te lo crees ni en sueños, ¡en el fondo eres un romántico incurable! Déjate de melancolías y nostalgías y disfruta de Madrid, mañana me bajo en Tribunal, me acerco a la calle Colón y como te vea vagando por ahí, ¡ración triple de hostías!

    1. Jajaja, lady, lady, mira que eres malilla… Hoy no estaré por la calle Colón, me temo. Lo siento, porque me apetecería unas cervezas en la bodega de la Ardosa, sin nostalgias, ea.
      Un beso.

  4. Ultimamente ando algo violenta… ya que lo necesitas, ración de hostias para ti. Tienes razón, a ver si llega el otoño de una vez y nos enfría a todos. Cuando llegue el frío, diremos que estamos tristes, añoraremos el calor… pero es que como te comenté: somos gilipollas en nivel bastante aceptable.

    1. Agg, que bien me siento después de esta ración de hostias dadas por una señorita de ojos tan bellos. Soy un tipo con suerte, vaya, además de un gilipollas con un nivel más que aceptable, superior diría, modestia a parte. Pero eso sí, te juro que el calor nunca lo añoro, al menos el calor meteorológico; el humano, a veces. Hay otros “calores” más entrañables para mi, jajaja.
      Otro beso.

      1. Jajaja… joder, esto se está convirtiendo en una conversación más que en un simple comentario. Te entiendo, porque yo tampoco echo de menos el calor. Que entren en acción las caipirinhas y los mojitos, para enfrentarnos a este sol que arde más cachondo que nunca.

        Más beso.

        1. Choquemos los imaginarios vasos llenos de hielo pilé, tú tu mojito y mí mi caipirinha, para adorar estos últimos instantes del pútrido verano del 2009 y su impúdica cachondez calenturienta.
          Eso, y más besos.

  5. Los que vivimos condenados a la raza humana, generalmente somos bastante imbéciles. Somos kamikazes bailando en espiral. Lo mejor de todo esto (o quizá lo peor), es que nos gusta dejarnos violar por toda esa melancolía, puede que elijamos las hostias como método para cerciorarnos de que estamos vivos.

    Beso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s