Empalmado en Madrid

Despierto del sueño matutino en la terraza a eso de las 13.00 h. Dentro de la casa no se oyen ruidos, aún debo de estar solo. Me encuentro mejor, mucho mejor. Sin duda, el descanso me ha sentado bien. Miro a mi alrededor y me digo en voz alta que he regresado a Madrid, aunque éste no sea un regreso definitivo. ¿Regresaré algún día a Madrid para quedarme? Hay otras ciudades que me atraen para vivir, desde luego; pero Madrid tiene un par de ventajas sobre las demás: que es la ciudad donde nací y viví y que se encuentra en el centro mismo de la península, con lo cual tienes a mano, y a una distancia relativamente cómoda, cualquier punto de la misma.

Me demoro debajo del chorro de la ducha. El agua fría me revitaliza por completo, aleja de mí cualquier resto etílico de la noche. Me cambio de ropa y aprovecho para sacar del bolso el ordenador. Lo abro y me conecto a una red wi-fi cualquiera, de las muchas disponibles. Empiezo a escribir mis primeras impresiones de mi vuelta al hogar: “Me despierto en una habitación que no es la mía. En la cama no hay nadie más. Miro el reloj y veo que son las nueve y media de la mañana. La boca me sabe a alcohol, a pozo sin fondo. Doy un rápido vistazo al cuarto. Sobre la mesilla de noche hay un libro, con un marcador entre sus páginas. Es un volumen bastante grueso…”. Mientras continúo escribiendo pienso que quizá lo cuelgue en el blog. Es una historia más que se puede literaturizar, tratar de que deje se ser solamente el recuento de unos pasos ebrios por las aceras de la ciudad. Sigo tecleando y mirando la pantalla, tratando de adivinar qué palabras vendrán a continuación de las ya escritas, de esas que ya han dejado de preocuparme. Y pienso que escribo como vivo, sin vuelta atrás posible. Claro, que volver a Madrid no sería un vuelta atrás. Sería un punto y aparte, el principio de algo independiente aunque relacionado con todo lo anterior. Nada que ver con un punto y seguido. Un punto y seguido es ésta visita a la ciudad. Una visita de reconocimiento, de acercamiento previo para ver si surge nuevamente la seducción entre la urbe y yo; pero soy consciente que aún me queda una espera indeterminada antes del posible regreso, si es que decido volver y no buscar un nuevo destino o regresar a una de las ciudades en las que he vivido anteriormente. Es cierto, el corazón lo tengo dividido entre varias ciudades. Me pasa lo mismo que con las mujeres, nunca seré completamente fiel a ninguna, a pesar de lo mucho que las pueda llegar a amar.

Me levanto a por un vaso. Voy con él en la mano hasta el mueble bar. Abro la botella de White Label y echo un trago largo. Vuelvo a inclinar la botella y vierto un poco más de su contenido. Total, nunca es demasiado pronto para empezar a beber. Releo lo escrito hasta ahora, mientras voy bebiendo a pequeños sorbos, sin prisa, sabiendo que tengo todo el día y los próximos, si quiero, para tocarme los cojones. No me espera nadie en ningún sitio y no echo de menos a nadie, tampoco. Me siento libre. Miro entre los cd’s de Marianus buscando algo de música para escuchar mientras escribo, algo que me recuerde que me siento libre, sin ataduras. Pongo una canción de 3 Doors Down, “It’s Not My Time” y continuo buscando. Al final me decido por un cd completo de Césaria Évora, “Café Atlántico”. Cuando empieza a sonar me siento frente al ordenador y tecleo lo que recuerdo de la noche anterior, lo poco que recuerdo. La imagen de Mara y Paloma, en Los Gabrieles, viene a  mi mente y no soy capaz de saber si llegué o no llegué a entrar con ellas en los servicios, si me cerraron la puerta en las narices o me dejaron pasar con ellas para presenciar en primera línea sus respectivas micciones. Todos íbamos lo suficientemente colocados para eso y para mucho más. Tampoco sería lo más escandaloso que hemos hecho los tres juntos. Nos conocemos hace años y hemos pasado por miles de situaciones de todos los colores. Pensar en ellas meando me provoca una erección. Siento como mi verga crece y crece libremente, tan libremente como yo me encuentro. También me empalma la posibilidad de que las dos vengan a cenar esta noche para continuar siendo su voyeur particular de meadas, su suave papel higiénico de varios usos y su confidente de conversaciones  privadas de lavabo. Todo es posible cuando la amistad está entremedias.

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4 comentarios en “Empalmado en Madrid

  1. Finalmente has decidido que tu estancia en la ciudad donde es imposible dormir por las noches en verano será pasajera. Al menos intensa parece que sí ha sido.
    Para retomar contacto es mejor el otoño acabando sus días.

  2. Yo también tengo la sensación de no saber cuando mi estadía en Madrid será definitiva, pero siempre termino volviendo. Será ese nosequé que tienen los miles de escondites de las ciudades grandes.
    Feliz regreso, un beso.

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