Rutina veraniega

Un nuevo día de sol, con alguna que otra nube moteando el cielo. Temperatura: 31º C. Siguen llegándome emails que no me interesan, que ni siquiera leo. Sólo uno de Zabou me alegra la mañana. Zabou y yo discutimos a principios del verano. Parece ser que llega el momento de la reconciliación. Nos hemos desintoxicado el uno del otro, o casi. La verdad es que la echo de menos. Me falta ese cambio diario de impresiones con ella.

Sigo encerrado en casa, huyendo de la masa de turistas, sudando frente al ordenador o ante las hojas de un libro. Una situación perfecta si no fuera porque no estoy solo. Me gusta vivir solo, sin dar explicaciones de mis actos o tener que hablar cuando no me apetece. Afortunadamente sólo me quedan unos cuantos días más de compañía. Después volverá la normalidad. Qué sería de mí sin este cuarto de los espíritus.

Creo que ahora escucharé La Pasión según San Mateo, de Bach. Necesito algo trascendente para contrarrestar tanta intrascendencia que flota en el ambiente, tanta tontería que respiro cada vez que salgo a dar una vuelta o a beber una copa. Escuchar la Pasión y continuar escribiendo. Sí, esto es lo mejor que puedo hacer esta tarde; porque lo cierto es que hoy no me apetece follar, tratar de conquistar una sudada entrepierna más y colgar un nuevo trofeo en mi ego. Hasta el meterla se vuelve una rutina en verano.

Avanza la tarde. La temperatura ha subido hasta los 33º C. Recibo otro email que me interesa y que leo, de Julia. Sólo de pensar en la posibilidad de unos vinos con ella, en Madrid, me pone los dientes largos. Quizá hasta hablemos de Lisboa.

Tanto Bach me abruma, me hace ver tristeza por todos lados. Lo quito y vuelvo al mundo californiano. Mejor la música de Clinic, con su canción Country Mile. Su bajo retumba en mi cabeza, penetra en todo mi cuerpo, haciendo que escriba a pequeños saltos, como si fuera un minúsculo saltamontes color verde pálido, y aunque tenga fobia a cualquier insecto, por inofensivo que éste sea. Los niños y los insectos no encajan en mi vida. Tampoco me gustan los gusanos, sobre todo cuando pienso en que algún día acabarán dándose un festín con mi cuerpo. Así revienten todos. Si piensas mucho en ello es como para volverse loco. Una solución sería la de arder, pero la idea también me horroriza. Además, odio el calor. Ya tengo suficiente con el verano.

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4 comentarios en “Rutina veraniega

  1. Quizás no, seguro, seguro, si cierro los ojos aún veo aquella calle de Alfama, era una noche de las que no tienen final y a través de una ventana vislumbré el beso más hermoso que recuerdo. Lisboa es como esa noche, sin final…

  2. Me abruma el calor a mí también. Y la rutina. Llevo cambiando de rutinas todo este verano y, aunque las de invierno son más firmes, me cansan. Y deseando estoy volver a mis horarios fijos. Para luego volver a quejarme y así hasta el infinito. Pero por lo menos no pasaremos calor.

    P. S.: Apunto la música que mencionas por curiosidad de melómana.

    1. Estoy contigo, la rutina a bajas temperaturas tiene hasta su morbo. Estoy deseando enfundarme un jersey, sentir esa sensación de bienestar que te produce un Cola-Cao (el desayuno de los campeones) bien calentito.

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