No te echaré de menos en septiembre (II)

Peggy había pasado su infancia y su adolescencia en colegios de monjas. Fue en estos, más que en la universidad, donde aprendió a ser una verdadera zorrita, como le gustaba decir de sí misma a quien quisiera oírla. Así me lo dijo a mí, mientras me cantaba al oído, con su boca pegada a mi lóbulo, My Baby Just Cares For Me. Llevábamos ya más de media botella de White Label, entre pecho y espalda, y a ella le había dado por cantarme y soltarme, entre medias de canción y canción, trozos, breves retazos, de lo que hasta el momento parecía ser su vida. Subida a horcajadas sobre mis piernas, alternaba entre una canción y alguna breve descripción de su vida anterior, de sus amigos, de su familia y hasta de ese novio gilipollas del que había decidido poner un poco de tierra por medio. Por lo que había contado, yo también pensaba que su novio era un verdadero capullo, de esos al viejo estilo ejecutivo agresivo. Instintivamente, sin poder evitarlo, me gustó la idea de estar tirándome a su novia, de estar llenándola el coño con otro tipo muy diferente de capullo, polinizando su interior con un nuevo polen recién revitalizado y, para más gracia, en el flamante BMW del ejecutivo. Ella notó al instante la erección que me provocó el anterior pensamiento.

-¿Follamos?- preguntó.

-¿Por qué no? Aún no estamos en septiembre.

Una media sonrisa se perfiló en sus labios mientras acercaba lentamente su boca a la mía, mirándome fijamente a los ojos. Su aliento olía a juventud. A una endiablada juventud, que me la ponía dura como una piedra. Al llevar mis manos a sus pechos percibí la calidez de su piel, el fuego de ese volcán que llevaba en su interior, latiendo acompasadamente al ritmo de su vientre.

-Tócame el coño, lo tengo totalmente inundado. Siento que me voy a ahogar.

Apartó con un dedo el borde de sus bragas y condujo mi mano hasta su entrepierna. Hundí un par de dedos en su vagina y jugueteé un rato en su interior. Realmente estaba chorreando. La monté sin esfuerzo, mi polla se deslizó por sí sola dentro de ella, como si hubiera sido hábilmente succionada por aquellos suaves labios, que ahora la apretaban fuertemente en toda su extensión. Podía sentir sus contracciones en todo mi miembro, empezando por la punta para terminar en la base y después en dirección contraria, así sucesivamente. Me balanceaba dentro de su coño, bajaba y subía por esa montaña rusa de ardientes vísceras, podía hasta notar los más íntimos pliegues de su interior por esa presión que estaba a punto de hacerme estallar como a un colegial primerizo. Cuando sentí que me iba le susurré en el oído, medio cantando, con sofocado timbre de voz -no te echaré de menos en septiembre. Al oír eso Peggy se separó de mí, se arrodilló a mi lado llevándose la polla a la boca, donde terminé de correrme con una intensa descarga de toda esa puta metafísica que sólo servía para llenarme de acre sabor a bilis.

-¿Estás seguro de ello, de qué no me vas a echar de menos en septiembre?- Me preguntó Peggy, con los labios aun chorreando de toda mi metafísica.

-Sí-dije-, al menos eso dice la canción… Ya sabes la de los Años 80, la de Los Piratas.

-¿Con Amaral?

.-Sin Amaral, preferiblemente-. La atraje hacía mí y besé sus labios. Sentí el amargo sabor del semen en la boca, como reflejo de la propia vida.

-Ahora llévame a la playa, quiero hacer el amor contigo en el agua. Estamos en verano, luce el sol y yo sí te voy a echar de menos en septiembre-, dijo Peggy, dando un salto y tirando de mí para que me pusiera en pie. Una vez estuve levantado, me rodeo el cuello con sus brazos. Pensé que era agradable estar juntos, sin ilusiones, hasta que ella dijera adiós, en un día cualquiera de septiembre. Apreté su hermoso culo con mis manos, pensando que era el momento de ir hasta la playa, de fundir nuestros cuerpos en las aguas del aquel viejo Mediterráneo.

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4 comentarios en “No te echaré de menos en septiembre (II)

  1. Es increible lo acertado que resulta Piratas para esta historia de verano. Creo que de toda la música que ha formado parte de mi historia personal esta banda es sin lugar a dudas la más triste y melancólica. Aún hoy Ferreiro me sigue llenando de nostalgia en cada una de sus canciones. Es cierto que no te echaré de menos en septiembre y sin embargo, te echaré tanto de menos… Por cierto, me gusta tu historia de verano, esa mezcla de erotismo y tristeza consigue una buena combinación para ser leida. ¿Esperamos la tercera o el Mediterráneo ha limpiado cuerpos y mentes?

    1. Querida Lady, mucho me temo que el espíritu de Peggy seguirá manifestándose por estas tierras de piratas -y por el blog- durante todo este verano, aunque me arrepienta de ello.
      Un beso.

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