No te echaré de menos en septiembre

Mi nueva vecina se llama Peggy. Llegó de Madrid hace un mes y alquiló la casa justo al lado de la mía. Muy pronto entablamos conversación y nos tomamos unas cervezas en mi jardín, aprovechando el frescor del anochecer. Acabamos los dos borrachos, entre risas, y los primeros besos terminaron por llevarnos hasta mi dormitorio. En los días siguientes recorrimos juntos el Parque Sobrenatural de Cabo de Gata-Níjar, con un disco del summer 2008 ibicenco metido en el mp3 de su coche y sonando a un volumen atronador. La mostré todos esos rincones por los que yo sentía una atracción especial y aquellos garitos donde merecía la pena detenerse a tomar una copa o reponer fuerzas con un vino y una buena tapa de la zona. Follamos en recónditas calas, acariciados por las mansas olas que llegaban hasta nosotros. Tumbados sobre la blanca y fina arena recorríamos nuestros cuerpos, no sin cierta pasión y esa especie de violencia que genera el deseo aún no desgastado. Después volvíamos a San José, despidiéndonos hasta un nuevo día y cada cual se metía en su casa, con el cuerpo dolorido por todo el sexo del día, por los envites producidos por el pujante ritmo de nuestras caderas, por el fuego de nuestros sexos irritados por la erosión del salitre y de la arena mezclados con nuestros propios fluidos. La boca me sabe a tu coño, decía yo; mi boca me sabe a tu polla, me respondía ella antes de meterme su lengua y decirme que estaríamos juntos hasta septiembre, que después desaparecería para no volver más.

Nunca entenderé a Peggy, pensaba; pero mientras me la follaré de todas las posturas, por todos lados y lo mejor de todo es que después no sentiré su marcha, no me apenará su partida porque ya me sabré su cuerpo de memoria, porque ya estaré saciado de todo su ser.

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6 comentarios en “No te echaré de menos en septiembre

  1. Envidio a Peggy, ese saber que el verano tiene un fin, ese principio con final escrito. Nunca me gustaron los finales previstos, yo también el verano pasado debí de cerrarlo en septiembre y, sin embargo, la llave se negó a encajar y aún colea, cada vez con menos fuerzas, dando bocanadas como un pez sacado fuera del agua. Sé que apenas le quedan un par de últimos esfuerzos para morir, por mucho que el verano haya vuelto ya no es “aquel” verano. Y sigo negando que éste muerto aferrada a la esperanza de que reviva con el agua de mar “Mañana sé que ha de venir el día
    y con él el desierto sin memoria.”. Me prometo que el próximo verano seré Peggy, aún a sabiendas de que no lo cumpliré. Vive tu verano Javier hasta agotarlo y empieza septiembre como un escolar el nuevo curso, un beso.

    1. En el fondo Peggy es una niña mimada, Lady, una caprichosa que se alquila una casa para escapar por un tiempo de su rico novio que la aburre mucho; pero al que volverá porque en el fondo es lo que la interesa. buena posición, aburridas fiestas snobs, continuos viajes… Y eso es perfecto para una joven zorrita como ella.
      Pero Lady, recuerda que los veranos nunca se repiten.
      Un bes.

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