Los mismos propósitos de todos los años

Escuchaba Simpathy For The Devil, de los Rolling. De la canción me gustaban en especial esos toques desgarradores de la guitarra y el piano. Lo cierto es que tenía el reproductor del simpático pajarito en modo aleatorio, para que las canciones fueran sonando como el azar tecnológico decidiera. Ya me encargaría yo de ir eliminando aquellas que, por uno u otro motivo, no deseara que formaran parte de mi biblioteca musical. Se podría decir que las miles de canciones que andaban desperdigadas por el disco duro iban a protagonizar una especie de Revolución Francesa; sí, la cabeza de unas cuantas rodarían por la pendiente ensangrentada de la papelera. Este nuevo año me había hecho el propósito de vivir con la menor cantidad posible de basura a mi alrededor. El cuerpo me pedía orden, austeridad, limpieza y hasta pureza. ¿Estaría enamorado? Opté por seguir leyendo en la pantalla un curioso ensayo sobre los héroes, antes que responder a la pregunta que acababa de soltarme a bocajarro, de una manera tan traicionera. A pesar de mi intención de apartar el tema de mi cabeza, éste seguía dando vueltas por mis pensamientos, ¿habría abierto, en un descuido, la dichosa caja de Pandora de mis sentimientos? Bien mirado, era una completa gilipollez lo de la búsqueda de la felicidad, ni siquiera creía en ella, aunque fuera en su resignada y utilitaria faceta de: por un breve espacio de tiempo. Cuando quería acercarme a una pseudofelicidad cualquiera ya disponía de los Beatles y su A Hard Days Night, canción ésta que parecía provocar unos estimulantes efectos en mi nivel anímico, proyectándolo siempre a esferas más elevadas. Además, ya gozaba de una cierta libertad conquistada a base de desengaños y demás aditamentos, todos ellos forjados con una especie de dolor similar al de cualquier otro parto. Por mi podían ir dando por el culo a la felicidad, ya tenía mi dosis de libertad, no necesitaba más y mucho menos el castigo de los osados, ese que se infligía a aquellos que se atrevían a traspasar los límites de lo permitido, mejor sería mantenerse en los límites de la cotidianeidad. Sí, a los dieciséis años quizá quedaran algunos rastros románticos en mi personalidad; pero el tiempo se había encargado de borrarlos, de una manera bastante eficaz.

Llegó el momento de la primera decapitación. El afortunado resultó ser Glen Campbell y su ñoña canción, Wichita Lineman, un verdadero himno a la mediocridad. Pero resulta bien sabido que una vez que se ha afilado la hoja de la guillotina son necesarias nuevas victimas para que su preciado filo no pierda su necesaria y apreciada condición cortante. Indudablemente, a Glen no le iba a faltar compañía. El siguiente fue Elvis Presley y su lamentable, That’s All Right, seguido por The Crystals y su He’s A Rebel. Una verdadera orgía decapitadora me había poseído por completo para entonces.

Anuncios

5 comentarios en “Los mismos propósitos de todos los años

  1. También cayó escalera, también. Lo cierto es que acabé decapitando a toda la biblioteca, demasiado desordenada, demasiado incoherente, y ahora, precisamente, quiero coherencia, orden, método, como un Descartes cualquiera…
    Un saludo.

  2. ¿Quede decapitaste That’s all right de Elvis ?…No quiero saber si pasó por la cuchilla Stairway To Heaven de LZ… o si, no se.
    🙂
    Saludos Javier.

  3. A ver si treinta y tantos años después, haces gozar a la digna Wichita Lineman, de un segundo apogeo. La has mentado, has despertado el gusanillo de la curiosidad en buscadores de “lo nuevo”, que vuelven con las manos vacías…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s