Un día cualquiera, al azar

cena

Anoche escogí un día cualquiera al azar y me puse a pensar en lo diferente que podría haber sido viviéndose de otra manera. Era un día cualquiera, al azar, y estábamos todos muertos, sentados alrededor de la mesa, con la cena aún caliente sobre los platos y los cigarrillos sin apagar, humeando y manchando el mantel de ceniza. Nadie opinaba sobre nada ni tenía prisa. Por las ventanas abiertas del salón entraba una fina lluvia. Por lo visto iba a continuar el mal tiempo y esas deprimentes, nubes grisáceas sobre el cielo de la ciudad.

Almudena miraba a Eduardo, Mónica mantenía su vista fija en Glôria. Nicole observaba, a la vez, su plato y ese salón que era nuevo para ella y me miraba a mí, insistentemente, en busca de algún tipo de apoyo que, simultáneamente, la ubicara y justificara en esa escena en la que no se sentía encajar. Felicidad y Marco descorchaban las botellas de vino que reunimos para la cena, una verdadera colección de caldos portugueses y españoles. Mariano y José Manuel, recién llegados esa misma noche de Madrid, cataban los diferentes vinos repitiendo una y otra vez: ¿éste?, estrenando borrachera en Lisboa. Sí, todos estábamos muertos en esa noche que ahora imagino de otra manera diferente a como transcurrió en verdad, si es que algo tan categórico existe, porque era Glôria la que miraba a Mónica y Nicole aún no había aterrizado en Lisboa o quizá sí estuviera ya formando parte de la escena de la morgue de rua das palmeiras y yo no tenía ojos para ella (¿los tuve alguna vez, aparte de cuando la conocí en la terraza de La Suiza?). Nicole fue mi amor desaprovechado de Lisboa, como también lo fue Felicidad. Suele suceder cuando se imaginan noches de primavera en otoños áridos de sentimientos y las primeras gotas del rocío se adhieren a la ropa esparcida por el jardín, ante la indolencia de los días que pasan lentamente, consumiendo el poco oxígeno que queda en mis venas, fugitivos y esquivos, asomado a la ventana del recuerdo de lo que una vez pudo pero no fue. ¿Es mejor enamorarse en el recuerdo y volver la espalda al presente, sufrir heridas imaginarias en lugar de reales?

Todo era tan confuso que ya no sabía lo que era verdad y lo que era imaginario. Mirábamos los platos y nadie apagaba ese cigarrillo que seguía consumiéndose entre los dedos, sin dejar de beber y callando en tres idiomas distintos, ansiosos por que nuestros sueños ocultos se transformasen en realidad. Sueños llenos de humedad, de sexo adornado de pseudosentimientos amorosos y, quizá, altruistas, para que resultaran ante nuestros ojos un poco menos grotescos de lo que en verdad por sí eran. Mariano sueña con Nicole, con un punto concreto de su entrepierna. Marco sueña con Eduardo. Felicidad siente dentro de ella la vibrante llamada de su jungla particular latiendo en las paredes de su cálida y dilatada vagina, llena de semen añoso y de deseos de noches locas en los más varipintos antros étnicos de la ciudad. Glôria sueña con el olimpo de su poeta preferido, ese amor tan platónico que la aparta del goce de cualquier otro cuerpo real. Mónica sueña con un wonderbra y conmigo desabrochándole. José Manuel sueña que sueña que continúa donde ya no está ni estará más. Eduardo sueña en comida, en grandes dosis de cualquier cosa comestible. Nicole sueña que soy su salvador de ese infierno del Carlos de mierda que sólo pretendía chulearla lo más rápidamente posible . Y yo sueño que no existo más que en el fondo de una botella y que coño tras coño, recuperaré el Coño Divino, aquel donde hundirme por una eternidad y no tener nunca más delante de mí esa imagen del río, impávida, desgarradora, con el puente 25 de abril colgando de mi propio vacío, ni ese recuerdo enquistado del sonido de unos pasos vacilantes caminando sobre el encharcado pavimento que devuelve, irremisiblemente, el reflejo de esa mirada perdida en él.

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3 comentarios en “Un día cualquiera, al azar

  1. Fijaté lo que ha dado de si un dia cualquiera pillado al azar …que cena mas desasosegante, el puente de Lisboa, la mirada perdida en el pavimento mojado y todos soñando.
    Un abrazo

  2. El azar, esa variable caprichosa y descontrolada, capaz en un momento de dar un giro a nuestras vidas.

    Un día cualquiera en el que todos estaban muertos porque es pasado y el pasado está muerto, irreal porque sólo reside en nuestra mente selectiva con recortes y añadidos.

    Fantasías, recuerdos, sueños en definitiva que pueden darnos impulso si somos capaces de materializarlos o canalizarlos hacia la consecución de algún fin, algo que si no somos capaces de alcanzar nunca, termina por provocarnos esa ira en la que acaba estallando el protagonista de este relato (o al menos eso me ha hecho sentir a mi, … como se suele decir obra hay una pero interpretaciones todas).

    Imaginación, fantasía, vivencias, ingenio, …, herramientas necesarias para alguien que escribe.

  3. Yo creo que no hay que estarse en ese pasado a no ser que sirva para aprender a no repetir lo que nos disgusta, y a retocar acciones del presente.

    También pienso que no podemos buscar lo que realmente queremos en sucedaneos, porque después nos queda la sensación de suciedad, u otra parecida.

    Un beso.

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