Dietario de San José

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Ayer, un día tranquilo, como cualquier otro día por aquí. Eso me hace pensar que mis sueños son menos sosegados que mi vida cotidiana, a tenor de la manera que últimamente aparece la ropa de mi cama al despertar, toda revuelta. Lo malo es que nunca me acuerdo de lo soñado y esto me lleva a la conclusión de que pierdo una parte importante de la vida, aquella que transcurre en otra dimensión, quién sabe si más o menos real que ésta, a la que tanto me apego. Lo cierto es que va por ciclos, unas veces me acuerdo y otras no. Puedo tirarme una semana entera recordando los sueños diariamente, pero súbitamente dejo de recordarlos y pasa un tiempo bastante considerable hasta que vuelvo a recordarlos al despertar. Por lo general los periodos en los que no me acuerdo son mucho más extensos que los que sí recuerdo. Mi amnesia onírica se ve que está asentada en sólidos cimientos.

Como dije antes, ayer fue un día tranquilo. Me levanté, desayuné y me lancé a la calle. El sol invitaba a pasear, a sentir sus rayos sobre la piel al lado del mar, fumando un cigarrillo y pensando que se va a hacer durante el resto del día. Después fui hasta el Bla-bla-bla, donde vi a mi brasileña favorita -ha regresado-, a tomarme un café con María Jesús y a intercambiar opiniones carentes de importancia. Volví a mi casa, preparé la comida y continué leyendo en el porche, al resguardo del sol que ya caía a plomo como si estuviéramos en verano. Resulta agradable leer oyendo el trinar de los pájaros como único sonido que llega hasta tus oído, aunque tiene su lado negativo: también puede inducir al sopor. Por eso cerré el libro y me encaminé hacia el estanco, a comprar el tabaco que fumo, Ziggy de liar. Ir hasta el estanco es toda una caminata, dado que queda en la otra punta del pueblo y hay que salvar unos cuantos desniveles que pronto ponen a prueba las desentrenadas piernas. Opté por el camino más agreste, aquel que te lleva por la playa y el roquedal, entre calas y calas que van sucediéndose en la más absoluta soledad. No contesto con todo ello, después de comprar el tabaco seguí caminando, dejándome guiar por lo maravilloso del día, subiendo hasta lo más alto del pueblo, para rodearlo por ese camino en la montaña desde el que se contempla a vista de pájaro toda la bahía. El mar estaba cristalino, invitaba a sumergirse en él.

Resultado de todo ello: que regresé a casa, continué leyendo a Robert Musil y que a las agujetas del brazo derecho -la noche anterior me había masturbado tres veces, en escaso margen de tiempo y en pleno afán experimentador- se habían venido a unir unas tremendas agujetas en mis gemelos. Y es que, en el fondo, tanta tranquilidad me vuelve sedentario, asquerosamente sedentario y hasta tal vez un punto onanista. Al fin de al cabo, todo es arbitrario.

Poco después leí que hay varias manías respecto a comentar la obra de uno mismo:

– Tener que justificar lo que se hace además de escribirlo

– Justificar si es o no es autobiográfico.

Estoy de acuerdo con ambas.

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13 comentarios en “Dietario de San José

  1. Decía Marguerite Duras que escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos.

    No he leído a Musil, pero lo probaré para acompañar los post de mis masturbaciones, si eso.

    Yo también siento esa angustia de no poder vivir (ergo, recordar) mi subconsciente nocturno. También soy yo, y sin embargo, mi consciente me lo arrebata censurado sin pedirme permiso alguno. Qué soberbia, qué arrogancia petulante la del consciente, por Dios!

    Un saludo, señor Luján.

  2. Jajaj, hay cosas que me pegan en la vida la mayopría por poco tiempo y el resto como los sueños y en este caso, la derecha 😉 que perduran por siempre. Tan de acuerdo con todo lo que escribes.. que aburrido no poder llevarte la contraria. Beso
    Caro

  3. Nada como los sueños para cambiarlo todo… me encanta volver a pericibir ese humor escondido entre letras. Fantástico paseo… si es que no hay nada como eliminar tóxinas haciendo el deporte que sea. Felices orgasmos y felices vistas.

    Besazo.

  4. Bueno calma, siempre es de agradecer una mano para estas labores de investigación y si es la tuya, pues mucho más… Yo también soñaré contigo esta noche, aunque no prometo ser muy casto, jajaja.
    Besitos.

  5. Javier…. y qué es lo que investigas??? porque si es para un buen fín, te echo una mano¡¡¡ jajajajaja, me lo has puesto a huevo.
    Bueno… ahora en serio, me encanta toda la descripción que
    has hecho de ese paseo, parece que te estoy viendo con tus cigarros de liar, qué auténtico es mi chico…
    Yo creo que voy a soñar, pero contigo esta noche… jejeje
    Besitosssssss

  6. Carmen:
    Jajaja, nada de justificaciones, es tedioso. Me alegro de haberte leído en Kala. Gracias por tu visita y un beso.

    MDM:
    Cada vez que despierto y compruebo que no me acuerdo de lo soñado siento que he perdido una parte de mi vida, fuera ésta buena o mala. Me da mucha rabia, en los sueños he vivido cosas maravillosas y terribles, las buenas permanecen y las horribles siempre nos queda el consuelo de pensar que sólo era una pesadilla, que se diluyó al abrir los ojos.
    Un beso.

  7. Hola Javier.
    Que coincidencia, también mi último post habla de los sueños.
    No siempre recuerdo con exactitud, pero si con frecuencia.
    Lo mejor y lo peor de los sueños es que cuando despiertas sabes que pertenecen a un universo paralelo repleto de irrealidades.
    Es lo mejor y lo peor y no siempre en el orden en que nos gustaría.

  8. Hola Javier, vecina andaluz:
    Me gusta más este formato claro.
    Te debo las gracias, pues fué gracias a tí, que supe de la existencia de Kala editorial, y… caramba… me publicaron.
    Toda una aventura, que voy a disfrutar.

    En cuanto a esas manías…justificar… qué porras… sólo si te da la gana.

    Besos desde Cádiz.

  9. Jaja, Sakkarah, que bueno, ¿me recomiendas el deporte para apaciguar mis ansias investigadoras? Creo que mejor continúo con el izquierdo, que es más impersonal. un besito muy grande también para ti.

  10. En lo de los sueños me parezco a ti, pero aún peor. Es dificilísimo que me recuerde, a no ser que sea una pesadilla. No sé por queé será.

    Me encanta el paisaje que describes…Quizá si hubieras andado ese camino varias veces antes, tendrías menos agujetas en tu brazo derecho…

    Creo que ahora vas a tener que utilizar el izquierdo…

    Un beso, Javier. Muy grande.

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