No más arrebatos

No había nada especial en aquella mañana. Comprendí de golpe que nunca más existirían mañanas especiales, ni tampoco tardes, ni noches. Ya no creía en nada, no creía ni en mí. Nada me importaba ya, ni siquiera el no creer. Todas mis ilusiones sin hundían en un abismo sin final, sin fondo. No existía, incluso, la ilusión de que no existieran más ilusiones. Todo me daba lo mismo: vivir, morir… En una palabra: alcanzaba el grado de inanidad supremo, ese grado que me permitía quitarme de encima esa pesada capa que hasta ese momento había imaginado como mi yo. No me sentí ni mejor ni peor. Una profunda indiferencia me impedía analizar mi estado interior. Deduje que lo esencial consistía en seguir respirando hasta que, fortuitamente, dejara de hacerlo. Aparte de eso, todo me sobraba. No quería más fundamentos, más sueños a los que asirme. Con todo lo que había experimentado hasta entonces tenía bastante como para sentirme lo suficientemente desengañado de toda fe, de toda idea, de toda acción que llevara adosada a sus espaldas un fin determinado o indeterminado. No más arrebatos.
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29 comentarios en “No más arrebatos

  1. haaaaaaay veces que somos demasiado escepticos alos sentimentos , como en tu relato , pero es bueno hacer esfuerzos por seguir teniendo arrebatos irracionales …son la vida 🙂 kiss

  2. Sintagma:
    Ya coincidimos en algo Indolencia y un servidor, me he arrebatado tan frecuentemente que me da vergüena reconocerlo.
    Un beso y bienvenida.

  3. Lola:
    La rendición, como bien dice el argonauta, nos transporta a la cómoda cobardía, a un refugio donde encogerse y sentir lo bien que nos lo pasamos lamentándonos de nuestra mala suerte, aunque es muy fácil sucumbir a ella, demasiado, diría.
    Un beso, Lola.

  4. Kicho, pues nada, me alegro, a los arrebatos hay que contrarrestarlos con una perfecta ataraxia patafísica.
    Un saludo.

  5. Sr. Capitan
    Los arrebatos tambien merodean mi vida, pero me burlo de ellos y los despido en el ultimo autobus del dia.
    Un servidor.
    Kicho El Llantero

  6. El color del Cristal:
    Pues me imagino que seguir respirando sin mayor pasión.
    Un beso y gracias por tus palabras.

  7. Galaham:
    Si es que en fondo soy una portera de París, mírame que contar mis chismes aquí…. aimmmm, que dolor.
    Un saludo.

  8. Ana:
    Pues saludos a tu Málaga-Niágara y gracias por traerme al recuerdo a ese grande Auserón.
    Aquí, un ratito está nublado y en otro sale el sol, ¿Niagará aquí también?
    Un beso.

  9. Paz:
    Siento decepcionarte, pero como ya respondo a Sakkarah, me encuentro perfectamente. Bueno, hay una cosa que me preocupa, que estoy muy lejos de la mujer a la que amo, pero ya se arreglará.
    Un beso.

  10. Sakkarah:
    Te juro que estoy perfectamente, sólo son pedazos de ficción que se escapan de mis dedos.
    Un beso, Sakkarah.

  11. En “Cantares de Vela” Santiago Auserón decía:
    “No más lágrimas/nadie puede ser el dueño/ de los males del ensueño/ y la flor del pensamiento/ la deshoja el viento/”
    Besos lluviosos desde una en Málaga-Niágara
    AnA

  12. Es un breve suceso lo que narras , siempre habrà tiempo de reinventarse y de traer a la vida nuevos sueños , siempre encontraremos a que asirnos y empezar de nuevo .

    Puedo percibirte a travès de tus letras desesperado y tal vez decepcionado porque las letras tienen el don especial de dibujar lo que sentimos y por ende ellas se hacen bellas .

    Paz/

  13. Que bien escribes…Esa misma sensación la tuve más de una vez.

    Deseo que salgas de ello, aunque a veces se siente uno cómodo así…

    Capitán, levanta el ánimo. Sé que es fácil decirlo, pero espero que pronto pase todo lo que te desanima.

    Un beso.

  14. Peregrina:
    Me alegro de que así sea, una beso.

    Argonauta:
    Tienes mucha razón, desde luego; pero pienso que hay que escribir sobre todo lo que nos interesa. La ficción no es la vida, y muchas veces ni, siquiera, su mero espejo.
    Un saludo.

  15. Las rendiciones incondicionales velan los ánimos y expectativas, desde las más tenebrosas esquinas de la cómoda cobardía. (pienso)

    Saludos, Capitán.

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