La líneas de la mano

Egon Schiele

Recorro nuevamente Lisboa a través del recuerdo que suscita en mí “El año de la muerte de Ricardo Reis”, de Saramago. Vuelvo, también, a este libro, convocado por toda una serie de diversas coincidencias, de las que no es el momento de hablar, y que me hacen pensar que no existe nada que no sea puro acaso, pura casualidad.

Paseo, con un volumen en portugués de los diarios de Miguel Torga en la mano, junto a Glôria por la Rua da Conceiçao. No se bien para que hemos quedado, a no ser que ya esté cansado de tanta soledad. La noche anterior Glôria durmió, en la buhardilla donde vivo en la Rua das Palmeiras, conmigo, en mi cama. Me gusta observarla entre las sábanas, sentir ese calor que desprende su cuerpo en esas noches lluviosas e iluminadas por las luces de las velas, con la única compañía de nuestra voz y de una botella de Oporto. Por la mañana, tras vestirse, me dio un beso de despedida. Tenía clase en la facultad. Aún medio dormido, le propuse quedar para comer juntos. Aceptó y quedamos a la una de la tarde en la Praça do Comerçio. Nos encontramos y por eso íbamos caminando por la Rua da Conceiçao en dirección al restaurante que Glôria había sugerido para comer, muy cerca de la Praça da Figueira.

Nos miramos y sonreímos mientras andamos y nos detenemos ante los escaparates en los que algo llama nuestra atención y preguntándonos, secretamente, que es eso que nos hace intentar conocernos, compartir esos instantes de una vida tan fugaz, donde nada perdura, ni siquiera el arte. Sí, había nacido entre los dos una especie de afecto difícil de catalogar. Ninguno de los dos erámos aún capaces de explicar porque pasábamos tanto tiempo juntos.

Vuelve a caer la lluvia sobre los adoquines de la acera. El ritmo de la ciudad se acelera de súbito entre el vuelo de las gaviotas que escapan del frío viento del río. Glôria coge mi mano, y dando un tirón de ella me invita a continuar hacia el restaurante. El cielo sigue ennegreciéndose, imponiendo una noche ficticia a esta hora tan temprana de la tarde.

Sentados en la mesa del restaurante, Glôria estudia las palmas de mis manos con gesto inquieto. Me mira a los ojos, para bajar de nuevo su vista a mis manos vueltas, que retiene suavemente con las suyas. El contacto de sus dedos sobre mi piel es ya una sensación conocida, un acto cotidiano que me acerca a un recuerdo, en mi caso, y a un ideal platónico, en el suyo.

– ¿Qué ves en las líneas de mi mano?

– Un destino en el que no creo.

– Me gusta.

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21 comentarios en “La líneas de la mano

  1. Feliz por este hallazgo, comparto contigo.

    Ricardo Reis, prestame a Lidia un ratito.
    Heterónimos. Ahí esta la clave. No es necesario esperar a tener todos los vivos muertos para poder decir todas las cosas. Heteronimos. Otros yo. O heteronimios, otros que no valen la pena. Ahí esta la clave del derroche de honestidad que campea en unos versos, de esas líneas llenas de verdades impiadosamente pronunciadas, las desnudeces todas expuestas sin remordimientos. Y cuelga otra sabana. Y surgen ahí los versos que, al instante, pasan a las indignas profundidades del olvido. Y alisa el pliegue. Y es por eso, piensa, que nadie reconoce a las grandes poetisas de antaño, porque las sabanas limpias se llevaron sus versos, ondeando como banderas de la patria de los quehaceres, y vuelan y vuelven las líneas del libro que acaba de leer, como si el espíritu rumiara aquella prosa, y esto también lo ha leído en algún lado. Cuelga una funda y piensa en Lidia. Lidia fue también ella alguna vez. Si Saramago se la robo a Pessoa también tiene derecho ella a pensarla por si misma, escapada, fuera ya de la breve historia de Ricardo Reis y se siente entonces como en la etiqueta de un viejo frasco de pulidor, sostenido por una alegre rueda de dementes que festejan tomándolo entre sus manos, como si en ella tuvieran el elixir de la felicidad. Una historia dentro de otra historia. Habrá nombres para eso, pero no le importan. Fue Lidia. Alguna vez quisieron algo de lo que pudo dar pero no a ella y no hay rencores. Fue Lidia sin esoterismos ni reencarnaciones, a su manera fue lidia.

    Y no quedara testimonio de estos pensamientos, una huella que en su lomo diga “colección de poemas” o “prosa completa” o, aun si fuera el caso “obra inédita”, que es interesante que una vez que eso dijera en algún lomo dejaría, por la lógica de los hechos, de ser inédita. Pero no, las de ella son líneas escritas en el aire, al sol de la mañana, entre el agua, el jabón y la ropa recién lavada. Versos y palabras que nunca sintió suyos, de algún lado los tomo prestados y quedaron, truncos de dueño en su memoria, prontos a ser pronunciados, como las palabras de Lidia que no pasan por la mente, mientras lidia Lidia con los baldes y lo trapos, brotan de sus labios por ignoto mandato. Y escucha sus pensamientos. Y reconoce en ellos un estilo también prestado, piensa con un acento que no es suyo, como cuando era niña y se le contagiaban las tonadas de los veraneantes venidos de otros lugares. Y dice cuando era niña y no cuando era chica, como es su costumbre. Ahí esta la cola también de este escritor con sus hojas recientemente hojeadas en una ojeada de sus ojos. Y piensa que los escritores saben de esas cosas, que cuando era niña está bien dicho, que viene a ser una medida del tiempo que ha pasado y, sin embargo cuando era chica no, no dice lo mismo. Cuando era chica representa un tema de tamaño, cuando era chica talle 42 con respecto ahora que tiene medidas de señorona. Pero ella sabe que puede pensarse en clave de plagio, con los acentos de otros y aun con sus mismas palabras sin mayores consecuencias que perder un día la noción de a quien pertenecen. Por eso no escribe. Por eso y para no tener que decir con Unamuno que si rechazan sus versos es porque no los comprenden. Por eso pone a salvo su obra y su estilo prestado escribiendo en el aire de la mañana, lejos del escrutinio de todos y de nadie. Y no se aflige por ello, porque sea prestado. Que sentido puede tratar de construir uno propio en un mundo en el que la gente se entretiene a fuerza de play satations.

    Sabe sin embargo que posee algunas palabras, palabras capaces de arrancar emociones de los ojos, sabe que puede ejercer sobre ellas toda clase de actos de dominio y por eso las encierra. Y cuelga la ropa. Alguien habrá escrito ya su oda a la cuerda, a los palillos de la ropa, a la tabla de planchar, un Neruda u otro hombre de mirada sensible y atrozmente piadosa hacia el mundo doméstico, privado de sus alturas, poniendo halos sobre las mujeress con su guiso y con su trapo, una mirada que en el fondo dice pobrecilla o pobrecita, alejada de nuestro cielo de ideas elevadas, esclava encadenada al piso por el alambre de su brillo. Pobrecillos y pobrecitos ellos si aun creen que el pensamiento es cosa de bibliotecas y de claustros, de charlas profundas y sin embargo el pensamiento fluye con el agua que corre, esto también ya se ha dicho. Y por eso a los 86, otra Lidia se vuelve sabia porque aunque el mundo entero le fue negado lo tomo por el mango del sartén, por el yugo, por el piso de tierra y aprendió a verlo.

    Y dejó las sabanas y volvió al libro donde conoció a un Ricardo Reis de segunda mano y empezó de nuevo, por la página 11 que es por donde el libro empieza. Y lo hace bajar de nuevo del barco, ese inmenso poder tiene en sus manos, y ahora donde dice que un hombre canoso, seco en carnes firma los últimos papeles ya es un hombre, y no un sustantivo adjetivado como hace unos días, porque Lidia ahora sabe cosas que antes no sabía.

  2. Pingback: kamillo21
  3. Muchas gracias, Kasandra. He de reconocer que yo también soy un adicto a ambas cosas, pero, pschtttt, no se lo digas a nadie.
    Un beso.

  4. Yo soy adicta a las dos cosas… al silencio y a la nicotina.

    He estado leyéndote en estos últimos artículos y me ha gustado

    Un saludo

  5. Argonauta: Muchas gracias, que mejor destino para alguien que escribe que llegar a los sentidos de sus cómplices, los lectores.
    Castor: muchas gracias por tu punto de vista sartriano, desde luego que me interesa el existencalismo, su atmósfera.
    Vigo: Muchas gracias por tu visita y por los versos de Vallejo.

  6. Valeria: Estoy de acuero contigo, el tacto puede ser una sensación inolvidable. Me gusta que recorras Lisboa por medio de este blog.
    Eilen: Realmente merece la pena conocer Lisboa, es una ciudad que tenemos ahí al lado y sigue siendo una total desconocida. Te la recomiendo.

  7. breederss, pon la dirección de tu blog, la tenía en los marcadores pero se me han borrado todos. Y a tu perfil no se puede entrar para conectar con el blog.
    Un saludo.

  8. Solo quería agradecerte un comentario que dejaste en mi blog hace unos cuantos días y de paso darte la enhorabuena por este blog que ahora descubro.
    Muy interesate…
    Volveré yo también a la lluvia, tu texto me hizo recordar esos versos de Vallejo que dicen:
    “Me moriré en París con aguacero,
    un día del cual tengo ya el recuerdo”.

  9. Descubro este interesantísimo blog, receptivo a su envolvente atmósfera melancólica y existencialista sutilmente quebrada por impagables escenas de locura familiar y pasiones desatadas. Felicidades.

  10. Casualidad, destino, aromas,…
    Capitán, nos haces sentir participes de tus paisajes con todos los sentidos.

    Saludos.

  11. Hola Capitan:
    Las disculpas del caso por usurpar tu cargo el ultimo fin de semana.

    Muy buen post, al igual q los 2 anteriores.

    El destino lo forja uno, ni los dioses intervienen, solo se deleitan en mirar.

  12. He llegado por aquí, ese aroma a Lisboa me ha hecho parar y he de decirte que me ha gustado mucho lo que he visto y leído. Buenas noches…

  13. Sakkarah, no, era sólo un preludio de compañia. Un besito.
    Vitin, ánimo. Escribiré, entonces, un relato para que te rías un poco, ¿no? ¿Ambietado, por ejemplo, en la peculiar “fauna” del parque sobrenatural? Quizá eso sería demasiado fuerte, je.
    Un saludo, un año pasa volando.

  14. que buenos tus relatos capitan!!!resulta increible…con lo cafre que puedes llegar a ser!!! los leo en silencio, me acompañan y me reconfortan en estos dias tan chungos que estoy pasando, me cago en la puta!!!!

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