El engaño del tiempo
Desde hace unos años tengo la sensación de que el tiempo pasa mucho más rápido, que ha acelerado de alguna manera su habitual transcurrir. Quizá sea producto de esta forma de vida en la que todo es prisa, un continuo almacenaje de stress e información y en la que lo de hace cinco minutos ya no interesa, se considera viejo y hasta, casi, prehistórico. El ritmo de vida se ha acelerado y con ello la percepción de ese fluir. Creo que es el momento de aquietar nuestro interior, de ralentizar y tratar de detener esta frenética carrera contra nuestra propia destrucción. Es el momento de visualizar el sosiego, toda la calma que llevamos en nuestro interior; es sólo cuestión de saberlo encontrar mirando y sintiéndolo dentro de uno mismo. Así nuestras horas, nuestros días comenzarán a ser los de antes, cuando aún conservábamos intacta nuestra capacidad de maravillarnos con cuanto nos rodeaba, cuando no habíamos perdido la comunicación con nosotros mismos y con esa energía que fluye de todas las cosas.
Estoy seguro que entre todos podemos hacer cambiar el rumbo de esta vida que ahora parece conducirnos, directamente, hacia oscuros callejones sin salida. De nosotros, únicamente, depende que los próximos tiempos no sean tan difíciles como todo parece indicar. Empecemos a cultivar un pequeño remanso de paz en nuestro interior, poco a poco se irá extendiendo hasta formar un inmenso espacio de paz y comprensión.













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