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Archivo para la Categoría "Cioran"

El cuaderno de espiral

22 Diciembre 2008 Javier Luján 7 comentarios

seven figures bruce nauman

Seven Figures, Bruce Nauman

Dos días encerrado en la habitación de un hotel de una gran ciudad, con las persianas bajadas y sin atreverme siquiera a asomarme tras ellas para ver el intenso ritmo de sus calles, el frenético tráfico que de alguna forma intuyo abajo, a sólo unas decenas de metros de donde me encuentro, envuelto en un antiguo batín anudado con un fino cordón. El minibar casi vacío y dos libros abiertos sobre la deshecha cama. La maleta aún sin vaciar en el otro extremo de la cama, en ese mismo que no ocupa nadie. Realmente no sé si es de noche o de día, no llevo reloj, no tengo sueño, no tengo hambre, sólo esta sed que soy incapaz de calmar. Sed e imágenes de una mano que se acerca a mí, despacio, en la oscuridad del cuarto, tratando de quitarme uno de los cuadernos de espiral, encontrados en el sótano de la casa de Cioran, en el Barrio Latino, por Simone Boulez, una anticuaria del Mercado de las Pulgas de París, en los cuales Cioran escribió una suerte de diario desde 1970 a 1982. Ese mismo cuaderno donde ahora estoy leyendo a la luz de una lámpara de mesa: “Kandinsky sostenía que el amarillo era el color de la vida. A lo mejor es por eso por lo que ese color daña a los ojos”.

Cierro el cuaderno y los ojos. Los vivos y los muertos poblamos los mismos espacios destartalados del presente; los unos proyectando una sombra sobre los objetos y los otros sin esa sombra visible, delatora de lo material.

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Extractos

23 Febrero 2007 Javier Luján 23 comentarios

Francesco Clemente

El número de rollos de papel higiénico gastados como medida del paso del tiempo. Similitud de éste y las heces. El tiempo como pura mierda, siempre predispuesto a manchar el pasado, presente y futuro con su huella sucia y pestilente.

Un día más en blanco, como si esperase algo distinto. Ha llegado la hora de apagar la luz, de contemplar la oscuridad con la seguridad de no esperar nada, ni siquiera la misma oscuridad.

Días negros, escuchando la música de la película “El cielo protector”, de Ryuchi Sakamoto, dejándome llevar por la melancolía encerrada entre sus notas, por su atmósfera de tristeza. Hay una parte que me envuelve totalmente, y es en ella cuando la tristeza me inunda, haciéndome, a su vez, desear más de ella, más dolor quemándome por dentro. Llega un momento en la vida en el cual la única salida es desear más dolor. Sigo sin comprender nada, sin encontrar una razón a este cúmulo de contradicciones en que parece basarse la vida y, en cambio, otras veces me siento como un arquitecto de mis pensamientos, los voy colocando en su sitio, antes de que estallen las ideas. Pero ya sabemos lo que es la idea para Cioran, un biombo que no esconde nada.

“No he conocido una sola persona perturbada a la que no le interesara Dios. ¿Debe por ello concluirse que existe un vínculo entre la búsqueda de lo absoluto y la desintegración del cerebro?”.
Cioran.

Hans Bellmer, escultor de muñecas.

Pessoa se sigue sintiendo desgarrado entre el sentimiento exultante de una sobreabundancia de ser y la angustia de un gran vacío existencial. Su desasosiego, cuyos síntomas anota a diario en el libro homónimo, lo arrastra como una brizna de paja de un planteamiento consciente a otro, de una incertidumbre a una pregunta, de una hipótesis a la firmeza de una creencia. Sigue siendo un “alma errante”, un espíritu nómada, extranjero en la tierra, sin hogar ni lugar, sin la compañía de una presencia amante a su lado.
Robert Bréchon, Extraño extranjero. Una biografía de Fernando Pessoa.

“Nadie se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, miseria, enfermedad, nada”.
Cesare Pavese, El oficio de vivir.

Que pasen un buen fin de semana, yo me voy a los carnavales. En San José son este fin de semana, por lo cual creo que me encontraré en un satisfactorio grado de embriaguez estos días. Salud.

Un día Tom Waits

12 Febrero 2007 Javier Luján 12 comentarios
Pierre Soulages

Hoy en lugar de un día Chet Baker tengo un día Tom Waits. Estoy triste, con el sabor del bourbon aún adosado en mi pegajosa boca de resaca e insatisfacción. Hoy sólo escucharé canciones tristes, canciones que me recuerden lo que no ha sucedido y tal vez nunca suceda. Me siento como una obra de Pierre soulages, el pintor del negro. Y a mi lado continúa Cioran, que me recuerda: “Existe, es evidente, una melancolía sobre la que a veces actúan los fármacos; existe otra, subyacente a nuestras explosiones de alegría, que nos acompaña constantemente, sin dejarnos solos ni un instante. De esta maléfica presencia nada nospermite librarnos: ella es nuestro yo frente a sí mismo para siempre”.

Categorías:Cioran, Pierre Soulages

Andando de noche

“Al igual que amas los libros que te hacen llorar, las sonatas que te han cortado el aliento, los perfumes que te insinúan renunciamientos, a las mujeres extraviadas entre el cuerpo y el alma, así sucede con los mares: te enamoras de aquellos cuyo oleaje induce a ahogarte en su seno”. Estas palabras de Cioran se aproximan a mi forma de ser, de sentir la vida, de andar por la noche en el silencio de las calles sin buscar nada, ni esperar nada. Con el paso de los años las ilusiones se van agotando.

Categorías:Cioran, ilusiones, sonatas

Parque sobrenatural Cabo de Gata-Níjar

10 Octubre 2006 Javier Luján 4 comentarios

“Que una realidad se oculte detrás de las apariencias es, a fin de cuentas, posible; que el lenguaje pueda reproducirla, sería ridículo esperarlo. ¿Por qué, pues, adoptar una opinión en lugar de otra, recular ante lo banal o lo inconcebible, ante el deber de decir y escribir cualquier cosa? Un mínimo de cordura nos obligaría a sostener todas las tesis al mismo tiempo, en un eclecticismo de la sonrisa y de la destrucción.” Cioran.
De nuevo en casa, de regreso a la rutina, al caos de siempre. Cogeré un gran libro de Tolstoi, o mejor sus Obras Completas, para diluirme en el tiempo y no tener la sensación de que estoy tan solo en esta noche de otoño. Más tarde, escribir o no escribir, he ahí la cuestión.
La pasión se consume rápidamente, cada cual tiene su tragedia privada. La verdad es que tengo tanto tiempo que no me da tiempo para hacer nada, lo pierdo a cada instante, de las maneras más absurdas y cuando me quiero dar cuenta ya estoy demasiado cansado para hacer algo, ni siquiera unas notas fragmentarias.
Me gusta mirar por la ventana cuando llueve, lo malo que por aquí llueve poco, por no decir poquísimo o rara vez a lo largo del año, y claro, con sol el piano como que no encanja tanto como con un día nublado. Será por esto por lo que tengo tan abandonadas las “Variaciones Goldberg”. He vuelto al Parque Sobrenatural de Cabo de Gata-Níjar, qué coño hago viviendo tantos años aquí. Lo que debes de hacer cuando estás atrapado es largarte… al instante.