Javier Luján

31 Agosto 2009

Viejas canciones

Sólo la noche acompaña a esas viejas canciones que de vez en cuando suenan en mi cabeza, cuando todo lo demás permanece en silencio. Entre cigarrillo y cigarrillo canto miles de canciones sin fin, miles de estribillos que se pierden en el borde inconsistente de las finas volutas de humo. En el fondo soy feliz, estoy solo y no necesito a nadie. Miro hacia el cielo y únicamente veo estrellas solitarias, ninguna va cogida de la mano de otra. Como mucho, algún que otro satélite girando a su alrededor, en elíptica órbita cojonera.

Paro de canturrear y veo una entrevista a Vila-Matas, siempre tan suyo:

Sencillo, ser y no estar. Todo lo demás sobra, queda para los libros, para contárselo uno a sí mismo, en la penumbra del cuarto de los escritos, en esas tardes donde el sol ficticio se refleja en un espejo inexistente que devuelve una mirada perdida, que escapa al entendimiento, al simple raciocinio.

Vuelvo a estar en Almería, al lado del mar. Soy sin estar, escondido entre líneas que van creando una parte de mi vida.

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