Abro los ojos y sigue el mismo sueño: sueño que vivo. Voy hasta el espejo y observo mi rostro reflejado en él. Miro mis ojos y me reconozco en ellos, distante de mí, distante de ese sueño que me acompaña despierto, mirándome directamente a los ojos desde la distancia del extrañamiento, desde ese curioso punto de vista que ofrece el reflejo de uno mismo y de esos ojos abiertos, mirando de frente su propia mirada, queriendo ignorar qué se esconde tras ella.
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Javi, escribes muy bien, como siempre…ah, me debes el relato que escribiste para mí cuando en la estación de Atocha nos fuimos Mariano y yo a Almería…ahora mismo estoy en el chat del facebook. Besito.
Hola, Almu. Que felicidad verte por aquí. Conservo el relato, claro que sí.
Muchos besos.
Uno y su reflejo, su reflejo y uno.
Me gusta tu texto.
Saludos
Muchas gracias, Carmela. Saludos.