Mamás en topless
Me levanté por la mañana con una inesperada energÃa. Sin desayunar me lancé a la calle, como si realmente tuviera que ir a algún sitio a toda prisa. Mis pensamientos eran cortas ráfagas, que se extinguÃan rápidamente con un pensamiento distinto. Cabalgaba sobre las ideas, a lomos de infinitas cavilaciones, de trompicón en trompicón. Al mirar el reloj vi que sólo eran las nueve. Aceleré el paso sin ninguna necesidad, nadie me esperaba. Pese a lo temprano del dÃa el sol caÃa a plomo sobre mi espalda. No corrÃa ni una gota de aÃre. Era una sensación opresora. Costaba trabajo hasta el respirar normalmente. Empecé a sudar unas gruesas gotas que me escurrÃan por todo el cuerpo. Me metà en un bar buscando un café con leche y un buen chorro de aÃre acondicionado. También pedà media tostada de tomate, que me comà mientras hojeaba el periódico. Éste contenÃa varias páginas repletas de fotografÃas, del dÃa anterior, de las playas de la provincia, llenas de personas tomando el sol o remojándose en el agua, de estupendas mamás en topless, que con sus piernas abiertas parecÃan incitar a una observación mucho más atenta de esas rajitas que se insinuaban bajo la humedecida tela del bikini. El verano parecÃa haberse instalado en AlmerÃa, definitivamente. Tanto calor me hacÃa sospechar que no era el mejor tiempo para encerrarse a escribir una novela y ésas fotografÃas parecÃan confirmar que lo que verdaderamente habÃa llegado era la temporada de la jodienda.
Lo único malo de todo esto era que yo necesitaba escribir una maldita novela para poder seguir escribiendo. Resultaba un poco paradójico y lo sabÃa. Pero lo cierto es que no me apetecÃa seguir trabajando para nadie y la única manera que se me ocurrÃa para subsistir, sin trabajar como esclavo asalariado, era escribiendo una maldita novela, que me abriera el camino para poder seguir escribiendo, donde y cuando quisiera, sin esas ataduras de un trabajo sedentario, con un deprimente y monótono horario, casi siempre abusivo. Si tenÃa que pasarme diez o doce horas diarias con la espalda agachada preferÃa hacerlo para mÃ, a mi propio ritmo y sin la tensión añadida de tener que gustarle a un jefe, que lo único que pretenderá, generalmente, es amargarte el dÃa para sentirse él asà un poco mejor, un poco menos mierda de lo que su propia razón le dice.
Fui dando un paseo hasta la playa. A esas horas ya habÃa una numerosa cantidad de cuerpos despatarrados sobre las toallas y embadurnados con pringosos productos para intentar protegerse de aquellos abrasadores rayos solares, a los que se habÃan expuesto voluntariamente, y que caÃan sin piedad sobre ellos. Me senté en el paseo marÃtimo, en un banco a la sombra, para contemplar tranquilamente a toda aquella fauna que se desplegaba ante mis ojos. Me entretuve haciendo unas cuantas fotografÃas y tomando algunas notas fragmentarias en la libreta. Incluso imaginé a Georges Perec haciendo una exhaustiva enumeración de todos aquellos sucesos que se desarrollaban ante su muy experta y escrutadora mirada en acontecimientos insignificantes.












Javier te veo muy sexual y poco sensual, esto va a ser cosa del desencanto jajaja. Y si hace falta ponerse a escribir olvÃdate del calor, ya te imagino sentado frente a la playa con un panama como el de Firmin (sin beber tanto espero), tomando apuntes en una moleskine y de vez en cuando mirando rijosamente a las jóvenes mamás en topless. Seguro que de todo eso sale algo bueno. Por cierto, has abierto mi curiosidad por Perec y esto es como lo de los seis grados, no sabÃa nada de él y cuando cotilleo, descubro que esta literariamente emparentado con Queneau, al que tengo en mente porque estoy leyendo “Los detectives salvajes” y lo que es más, descubro que Queneau es el origen de “Zazie en el metro”, gozosa y gloriosa pelÃcula de Louis Malle que và hace años y me sedujo. Tantas coincidencias me hacen sentir bien, soy la chica de las casualidades de Auster. Un beso.
Jajaja, sÃ, debe de ser cuestión del desencanto ésta veta mÃa de pornógrafo. Total, la vida está tan corrompida que un poco más de empozoñamiento no le va a hacer ningún mal. Además, con éste calor… o será la música del azar.
De Perec me quedarÃa con La vida: Instrucciones de uso (un inmenso puzzle).
Lo malo es que no le veo yo futuro a eso de que las madres en topless sea muy literario, aunque todo puede ser. Yo prefiero aprovechar el verano en algún lugar de la playa algo apartado y disfrutardel mar sin gente. Ya se escribirá en septiembre, cuando no echemos de menos.
La verdad es que yo tampoco se lo veo, lo literario; pero algunas están pero que muy buenas. Como decÃa anteriormente, debe de ser por el calor. Aunque qué diablos, se puede escribir sobre cualquier cosa me digo a veces.
Y yo muriendo de frÃo.
Besos para ti.
mar
La vida es injusta, mar, ya lo sabes.
Llevo un cierto tiempo planteándome algo parecido, pero es que por las estepas manchegas echamos de menos la inspiración del mar. Grandioso el mar de la foto. Por mucho que digan los más castizos, la luz de Madrid es una mierda, y esa luz reflejada en el cloro apestoso de las piscinas, peor todavÃa.
Suerte
Gloriosas estepas manchegas. Yo estoy hasta los huevos de tanto mar. Lo único bueno que tiene, esas imágenes como la que ilustra éste post.