Cristalización del ayer
17 Enero 2008 por Javier Luján
Soñar contigo el sueño de la vida,
soñar la vida que perdura siempre
sin morir nunca.
Unamuno.
A veces, demasiadas, parte de nuestra vida acaba por convertirse en una vieja fotografía olvidada, durante largo tiempo, entre las páginas de un libro. En ella se puede ver un rostro femenino que mira fijamente hacia el objetivo de una cámara fotográfica que, a través de un proceso, primero óptico y después químico, plasmará la quietud de esa mirada inmovilizada en el tiempo, y con ella todas aquellas ilusiones o desengaños de un presente, ya distante, que fue fijado impunemente sobre un trozo de papel. Así, lo vivido se ve transfigurado en un improvisado marcador de libros, que parece sólo retornar para golpear con fuerza nuestro recuerdo, al visitar, nuevamente, esas páginas que por algún motivo recóndito necesitamos leer una vez más, y quién sabe si por última vez; como si la propia fotografía, por sí misma, hubiera sido la artífice de esa repentina necesidad de acudir a esas páginas ya leídas. En esos momentos surge la tristeza que llevamos dentro de nosotros, adormecida, esperando emboscada el instante preciso para hacernos padecer ese mismo horror que mucho antes experimentamos al comprobar que nuestro mundo personal caía derrumbado a nuestros píes, sin ninguna explicación, como un mero capricho más de la casualidad, transformando esa extraña dicha, que en ocasiones experimentamos al lado de otro ser, en una profunda desdicha, en un oscuro culto al dolor. Es entonces cuando sobreviene el exilio interior, el aislamiento del ser en el centro de la propia existencia, de ese mundo ajeno y extraño que continúa girando sin que importe ya la dirección en que lo hace, como si el misterio careciese del estímulo necesario para lograr hacernos volver a desear sentir, atreverse a volver a amar. A veces, abrir un libro es emprender un extraño viaje hacia el pasado, hacia unos ojos que ya no te miran en la oscuridad de la noche y que nunca más lo harán.
Cierro el libro, dejando entre sus páginas la vieja fotografía, y, apoyado en la pared, paso suavemente mis dedos por su lomo, en una lenta caricia que asimismo quiere alcanzar a ese pasado nuevamente oculto entre unas hojas de papel. Me gustaría decir también que llueve; pero sería mentira, y con ello faltaría a la rigurosa verdad. A esa misma verdad en la que nadie cree. Por eso sólo diré que afuera hace viento y que todo está oscuro, cubierto con ese tenue color que la noche confiere a todas las formas. Al guardar el libro pienso que dentro de mí la oscuridad es distinta, tan diferente que puedo caminar a oscuras hasta el dormitorio, al margen del tiempo, del lugar, de todo lo pasajero y de lo eterno, de todo lo revivido.












Las fotografías al igual que una vieja canción nos golpean con el ayer, pero no las dejamos obnubilar nuestra visión del futuro, aun a tientas sabemos tenemos que caminar hacia el mañana.
Un abrazo.
Damián
Pd: Te leo el proximo miercoles en KALA
que buen escrito..
La foto es ajena al libro, no está en su lugar. Debemos procurar un cierto orden a nuestro alrededor. Ese tipo de fotos nos evocan más que lo fue, lo que pudo haber sido y no fue. Merecen pues poca atención.
Saludos, Capitán.
Buenísimo…
Que manera de describir, hasta hacer al otro adentrarse en si mismo para poder sentir como fue.
Me daba la impresión que yo estaba allí sentada, mirando como leías, como acariciabas tu libro, y tu forma de mirar la fotografía.
Un beso.
…y cuando nos vemos a nosotros mismos en una foto antigua, qué estúpidos nos parecemos. Qué cretinos éramos, qué poco sabíamos. Si hubiéramos sabido esto y aquello. Si hubiéramos hecho nosequé o nosecuántos. Vemos a alguien que todavía no es lo que irremediablemente será, y queremos decirle: ¡¡¡No!!! ¡¡¡Da la vuelta!!! ¡¡¡Vete a otra parte…!!!
Un saludo Capi, y gracias por seguir visitando el Tópico. Hasta pronto
El pasado, pasó, olvidémoslo hasta donde podamos. Y aprendamos de los errores, si los hubo.
Se puede sentir, soñar, amar, en cualquier momento, presente y futuro. Siempre.
Pues yo si que he visto a veces pate de mi vida metida entre las paginas de un libro, en alguna frase subrayada que entonces me parecio que casi podria haberla escrito yo, en la fecha de cuando lo compre, en lo que era en aquel tiempo.
Un beso
Lo que resulta extraño de encontrarse con una fotografía vieja es la certeza de que, aunque todo haya cambiado, uno sigue siendo el mismo. Cada vez estoy más convencido de que según envejecemos más nos vamos pareciendo al niño que fuimos. Todo cambio verdadero es imposible.
Hay que ser cuidadoso con lo que dejamos entre las páginas de los libros, porque es verdad que te cuentan muchas cosas de ti mismo que, depende del momento, no quieres revivir.
U beso, Javier
aii capi capii.. seguimos en el pasadoo??? bendita Sonya!!! jojojo
un besoteee capèsssssssssss
Hay momentos inexpresables que perduran en una imagen, memoria que se abre y cierra como un libro cuyas paginas hiciesen de cortinas de un sueño.
Gracias por tu texto y un poetico saludo. me alegra conocer a gente asi. Muacs.
Precioso Javier, qué bonito escrito, te he imaginado acariciando el lomo de ese libro suavemente como si la tuvieras delante, has conjugado perfecto lo sentimientos de una foto y sus recuerdos…
Un beso Javier, grande…
Es muy difícil esconder cosas cuando escribimos. Ese acto de juntar palabras es terapéutico, psicoanalítico incluso. Enhorabuena, tiene usted talento, señor Luján!
No te acostumbres mucho a caminar en lo oscuro…pronto llega la primavera
Es curioso y peligroso mirar “esas páginas” siempre han fantasmas en ellas, esos que no nos dejan avanzar , nos atrapan , nos envuelven , es positivo eso ? es mi `pregunta , pero bueno tus relatos tienen esa particularidad , ponernos a pensar
Como siempre con mucho cariño
Beatriz (asi me pusiste )